Cuando oramos por las ánimas del Purgatorio ganamos su ilimitada gratitud, pues, aunque no son intercesoras como los Santos y los Ángeles, llenas de un
inmenso deseo de pagar los favores que se han realizado por ellas, ruegan sin cesar por sus
benefactores.
Lo hacen con un fervor tan grande y constante, que Dios, en su misericordia, no les puede negar nada de lo que le pidan.
Lo hacen con un fervor tan grande y constante, que Dios, en su misericordia, no les puede negar nada de lo que le pidan.
